Ya bajado el telón al Festival Internacional Santiago Negro – que durante cuatro días reunió tanto la literatura negra y criminal como también a la investigación, el cine, la televisión e historieta en la capital chilena -, destaca entre sus postales más permanentes la visita del irlandés John Connolly, célebre por sus novelas protagonizadas por el detective privado Charlie Parker y quien ofreció durante la segunda jornada la charla «I’m a Stranger Here Myself: On Ireland, America, and Mystery Fiction».
La hora aproximada que tomó su presentación en el Centro Cultural de España me pareció sorprendente. No solo por su erudición y franca simpatía (más cuando se declaró lector de Ross MacDonald), sino porque cada anécdota que compartió – en un castellano bastante fluido – respecto a su paso por la ficción de género ofreció un matiz amargamente familiar.
Transcurrido un siglo desde los primeros casos literarios abordados por Race Williams y el Agente Continental, la ficción criminal mantiene su condición de «género menor» en Dublín, Maine o Santiago, donde algunos escritores prefieren disfrazar sus respectivas incursiones bajo un seudónimo – cual delincuentes, tamaña ironía – mientras editores y críticos preguntan al autor sobre su interés por literatura «más seria». Perspectiva miope que Connolly ignoró felizmente, viendo en la novela negra el campo idóneo para exponer la ambigüedad moral opuesta a la compasión, la reparación y la salvación.
Súmese su inclinación a los temas sobrenaturales (recogida en sus libros «Nocturno» y «Música Nocturna»), que beben de la tradición Sheridan le Fanu – citó varias veces «Tío Silas») e invitan a recordar los buenos trabajos góticos firmados por escritores británicos en la época dorada del sello Vértigo que mantuvo DC Comics. Un fruto extraño e infrecuente para el consumidor contemporáneo, inclinado al estímulo directo de la violencia slasher.
John Connolly concluyó su paso por el Centro Cultural de España con una sesión de firmas que me permitió obsequiarle un ejemplar de «Doble Arabesco» y agradecerle por compartir su vasta experiencia. Traerlo a Santiago Negro fue un acierto que celebro haber aplaudido.

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